Además, enfatiza que creer en la predestinación no niega la acción; más bien, obliga al ser humano a buscar las causas, esforzarse diligentemente y dedicar su máximo empeño. Al-lah ha decretado los resultados, pero también ha decretado los medios mediante los cuales esos resultados se alcanzan. En consecuencia, la súplica, la acción y la confianza en Al-lah se encuentran entre los actos de adoración más importantes. Por ello, Ibn Taimiiah critica a quienes imaginan que la verdadera confianza en Al-lah exige abandonar los medios mundanos, o que el esfuerzo y el trabajo son incompatibles con confiar en Al-lah. El Profeta Muhammad que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, a pesar de ser la persona más perfecta en su confianza en Al-lah, tomó medidas prácticas, luchó, planificó, suplicó y procuró el bienestar tanto para sí mismo como para su comunidad.
Entre los temas más importantes del libro se encuentra la discusión de Ibn Taimiiah sobre la servidumbre del corazón, asunto al que dedica una considerable atención analítica. Sostiene que la verdadera servidumbre no es la del cuerpo, sino la del corazón. Una persona puede parecer externamente libre mientras permanece internamente esclavizada por la riqueza, los deseos, el estatus o el apego a otras personas. Por esta razón, cita la tradición profética: "Desgraciado sea el esclavo del dinar y el esclavo del dirham", para mostrar que una persona se convierte en esclava de la riqueza cuando su satisfacción, su enojo, su felicidad y su tristeza giran completamente en torno a ella. De igual manera, una persona puede convertirse en esclava del poder, de las pasiones, de la lujuria o de un apego romántico excesivo, porque siempre que el corazón se aferra indebidamente a algo distinto de Al-lah, se le priva de su verdadera libertad.
Aquí, Ibn Taimiah presenta una profunda comprensión espiritual de la libertad. La verdadera libertad, sostiene, no consiste simplemente en liberarse de restricciones externas, sino en liberar el corazón de la sumisión a cualquier cosa aparte de Al-lah. La persona cuyo corazón está apegado únicamente a Al-lah permanece interiormente libre aunque sea pobre o débil, mientras que quien está esclavizado por los deseos y las ambiciones sigue siendo un siervo aunque posea riqueza y autoridad. Por ello, describe la codicia como una forma de esclavitud interior, ya que cuando el corazón de una persona se vuelve dependiente de las criaturas, se convierte en cautivo de ellas en proporción a ese apego.
El autor también aborda la sinceridad y el seguimiento del modelo profético como las dos condiciones esenciales para la aceptación de las obras. Una acción solo es recta ante Al-lah si se realiza sinceramente por Su causa únicamente y de conformidad con las enseñanzas traídas por el Profeta que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Por ello, Ibn Taimiah rechaza toda forma innovada de adoración que no haya sido legislada por Al-lah, independientemente de las buenas intenciones de quien la practique, porque la intención sincera por sí sola no es suficiente a menos que el acto también se ajuste a la Sunnah profética. Del mismo modo, las acciones externas pierden todo valor si están desprovistas de sinceridad, pues Al-lah solo acepta aquellas obras realizadas buscando Su complacencia.
En la conclusión del tratado, Ibn Taimiah enfatiza que el grado más elevado que los seres humanos pueden alcanzar no es la liberación de la servidumbre, como algunos imaginan erróneamente, sino la realización de la servidumbre completa a Al-lah. Los profetas y los ángeles, las más nobles de las criaturas, son descritos por Al-lah como Sus siervos, y esta designación es presentada como uno de sus mayores honores. Por tanto, la perfección y la felicidad humanas no se alcanzan escapando de la servidumbre, sino logrando su forma más verdadera y sincera, en la que el corazón se llena de amor por Al-lah, reverencia hacia Él, confianza en Él, dependencia de Él y sumisión a Su mandato.
Así, Al 'Ubudiah presenta una visión integral del ser humano, de la vida y de la religión, fundada sobre el principio de que la humanidad pertenece a Al-lah y permanece absolutamente necesitada de Él en cada instante. La perfección humana solo puede realizarse cuando la persona se libera de la servidumbre a las criaturas y a los deseos mundanos, dedicando tanto su corazón como su cuerpo exclusivamente a Al-lah. En la concepción de Ibn Taimiah, la servidumbre no es una forma humillante de degradación, sino la verdadera fuente de dignidad, libertad y tranquilidad, porque devuelve al ser humano a su propósito original y lo conecta con la Perfección Absoluta, en cuya cercanía únicamente puede encontrarse la verdadera serenidad.