Luego, el autor explica la realidad de la servidumbre, aclarando que esta se fundamenta en dos elementos esenciales, cuya unión es indispensable para que exista la verdadera adoración: el amor perfecto hacia Al-lah y la completa humildad y sumisión ante Él. Una persona puede amar algo sin adorarlo, y puede someterse a una autoridad sin amarla; sin embargo, la adoración genuina solo puede surgir cuando el amor absoluto se combina con la sumisión absoluta. En consecuencia, nadie merece una adoración incondicional excepto Al-lah únicamente, ya que solo Él es el Ser perfecto digno del amor supremo, la veneración y la sumisión. Ibn Taimiiah sostiene que muchas desviaciones humanas surgen al dirigir este amor o esta sumisión hacia otros fuera de Al-lah, ya sea mediante la adoración de ídolos, el apego a la riqueza, la veneración excesiva de individuos o la entrega a los deseos y las pasiones.
Dentro de este contexto, explica que el monoteísmo no se limita simplemente a reconocer la existencia de Al-lah o creer que Él es el Creador, Sustentador y Gobernante del universo, pues incluso los idólatras paganos afirmaban tales creencias. Reconocían que Al-lah creó los cielos y la tierra, pero aun así adoraban a otros además de Él y adoptaban intermediarios y copartícipes en la adoración. Por ello, Ibn Taimiiah distingue entre Tauhid Ar-Rububiah (la unicidad del Señorío) y Tauhid Al Uluhiah (la unicidad de la adoración). La primera se refiere a afirmar que solo Al-lah es el Creador y Sustentador, mientras que la segunda significa dedicar la adoración, el amor, la obediencia, el temor y la esperanza exclusivamente a Al-lah. Esta última forma, sostiene, constituye la verdadera esencia de la religión traída por todos los profetas.
Una de las ideas centrales del libro es la división de la servidumbre en dos categorías: la servidumbre cósmica y la servidumbre legislativa. La servidumbre cósmica significa que todas las criaturas están sujetas a Al-lah en términos de creación, gobierno y decreto divino. Nadie escapa a Su voluntad y determinación, sea creyente o incrédulo, justo o pecador. En este sentido, todas las criaturas son siervos de Al-lah porque Le pertenecen y permanecen bajo Su dominio. La servidumbre legislativa, sin embargo, se refiere a la servidumbre basada en la obediencia, el amor y la sumisión voluntaria a los mandatos de Al-lah. Esta es la forma de servidumbre que Al-lah ama, aprueba y recompensa. Ibn Taimiah explica así que existir simplemente dentro del decreto de Al-lah no convierte a una persona en uno de Sus siervos rectos; más bien, la obediencia, el cumplimiento y el compromiso con la ley divina son indispensables.
El autor también desarrolla ampliamente el tema del decreto divino y la predestinación, respondiendo a ciertas corrientes que utilizaban la predestinación como justificación para los pecados o para abandonar las obligaciones religiosas. Algunos grupos afirmaban que, si todo ocurre conforme a la voluntad y el decreto de Al-lah, entonces los mandatos y las prohibiciones pierden su significado, o que quien alcanza el conocimiento espiritual de Al-lah trasciende las obligaciones de la ley religiosa porque ha alcanzado la "verdad última".
Ibn Taimiah considera esta comprensión una desviación peligrosa semejante al argumento de los idólatras que dijeron: {Si Al-lah hubiera querido, no Le habríamos asociado copartícipes} [Corán 6:148]. Según su opinión, la predestinación nunca puede invocarse para justificar el pecado, porque los seres humanos tienen el mandato de arrepentirse, buscar el perdón y esforzarse contra sus propias almas, en lugar de rendirse ante la maldad. Aunque una persona puede aceptar las calamidades que le acontecen como parte del decreto de Al-lah, no puede utilizar la predestinación como excusa para el fracaso moral o espiritual.
Continúa en la parte 3...