
Iblís no era un adorador normal. Había adorado a Al-lah por miles de años con miles de rezos. Ascendió varios niveles hasta que llegó a estar entre los ángeles sin ser uno de ellos por su notable adoración. Realizar buenas obras no era un problema para él. Él agradecía a Al-lah con sus rezos y Al-lah lo recompensó con una privilegiada posición en el Paraíso.
Sin embargo, cuando Adán fue creado y se le otorgó la posición privilegiada que tenía, de pronto, Iblís fue poseído por el orgullo. No podía soportar que esta nueva criatura ocupase el puesto de privilegio que se le dio.
Cuando se le ordenó que se prosternara ante Adán, su orgullo lo dominó y lo marcó por toda la eternidad. De hecho, tragarse su orgullo por una postración ante Adán le fue más dificultoso que realizar miles de prosternaciones de adoración a Al-lah.
En todo esto hay una advertencia para nosotros, especialmente en momentos de intensa adoración. Cuando nos esforzamos al máximo en la adoración, empezamos a disfrutarla y buscamos encontrar paz en ella.
Pero a veces somos engañados por tal adoración. A veces empezamos a definir nuestra religiosidad exclusivamente por ella; nos autoproclamamos gente piadosa y empezamos a despreciar y maltratar a los demás con esa misma excusa. El peor caso de este tipo de actitud es el que menciona el Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, que nos dice que algunas personas llegarán el Día del Juicio para ver que todos sus rezos, ayunos y caridades le han sido quitados o borrados por causa de su lengua transgresora.
Pero, ¿qué es lo que hace esta lucha interna de Iblís tan relevante para nosotros? El objetivo de la adoración es que te presentes con humildad ante tu Creador y que establezcas tus asuntos y relaciones con las demás criaturas en base a esa humildad. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo que quien tenga una pizca o un átomo de soberbia en su corazón no podrá entrar al Paraíso. La peor manifestación de soberbia es rechazar la verdad y menospreciar a los demás. Pero otras manifestaciones más sutiles de la soberbia incluyen el negarse a terminar una disputa, a dejar de hacer rabietas y ser humilde con las criaturas de Al-lah con el fin de complacer al Creador.
Algunas personas pasan varios meses de Ramadán haciendo vigilias e intensos rezos buscando el perdón de Al-lah para sus pecados, en vez de ser humildes por un momento ante algunos siervos de Al-lah pidiendo disculpas por sus transgresiones contra ellos, aunque estas hayan sido con algún motivo.
El viernes es nuestro Eid semanal, y los días lunes y jueves son como el Ramadán semanal, pues el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él; solía ayunar en esos dos días porque nuestras obras se presentan a Al-lah. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo sobre ellos: "Las puertas del cielo se abren cada lunes y jueves, y Al-lah perdona en esos días a cada uno de sus siervos que no haya incurrido en el politeísmo, excepto los que tienen disputas entre ellos, pues Al-lah dice: postérguenlos hasta que se reconcilien".
En Ramadán, las puertas del cielo están abiertas durante todo el mes y las obras de la gente ascienden hasta Al-lah. Pero imagínate si cada día que tu ayuno, tu recitación del Corán se presenta ante Al-lah en este mes y Él instruye a los ángeles postergar el perdón para ti hasta que te reconcilies con tu hermano. Ramadán es la mejor época para escribir ese email o mensaje de texto a ese miembro de tu familia o amigo del que te has alejado, y decir: "No vale la pena perder el perdón de Al-lah por esto", y decir: "Lo siento".
Compara estas dos afirmaciones:
El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: "Quien corta su relación con su hermano por más de tres días y muere en ese estado, será de los habitantes del infierno".
También dijo: "Le garantizo una casa en el Paraíso a quien deja de disputar con su hermano aunque tenga razón".
Tragarte tu orgullo es amargo, mientras que el rezo es dulce. Que ego no sea más valioso para ti que tu paz; pero, sobre todo, que la complacencia de Al-lah sea más que todo.