El arrepentimiento, la redención y la salvación desde una perspectiva islámica (parte 2)

El arrepentimiento, la redención y la salvación desde una perspectiva islámica (parte 2)
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Sin un sentido de responsabilidad ante Al-lah, la necesidad de arrepentimiento también se disuelve, y con ello un elemento central que, desde la perspectiva islámica, sirve para facilitar el desarrollo moral. Como 'Aisha informó una vez: “Dije: ‘Mensajero de Al-lah, el hijo de Yud'an mantuvo los lazos familiares y alimentó a los pobres. ¿Le servirá de algo?’. Él contestó: ‘No le serviría de nada, ya que nunca dijo: Oh, mi Señor, perdona mis pecados en el Día de la Resurrección’”. La tawba implica un reconocimiento de la propia falibilidad de uno en sus elecciones morales y del propio potencial de maldad, y de que estos deben enmendarse. Además, la esencia misma del Islam implica la sumisión total a nuestro Creador y Amo, Al-lah Todopoderoso, por lo que no debe sorprender que el Corán distinga claramente entre las consecuencias de la negligencia y la negación (de aquellos que entienden su mensaje) y la recompensa que Él promete a los que eligen la creencia y la justicia:
• {[Son] aquellos que desperdiciaron los esfuerzos que realizaron en este mundo mientras creían obrar el bien} [Corán 18:104]
• {Quienes se hayan negado a creer sufrirán las consecuencias de su incredulidad, mientras que quienes hayan obrado rectamente habrán preparado su propio terreno [en el Paraíso]. Al-lah recompensará con Su gracia a quienes hayan creído y obrado rectamente. Él no ama a los que se niegan a creer [cuando les llega el Mensaje]} [Corán 30:44-45]
En cuanto a los que creen en la autoridad divina suprema, podemos categorizarlos en dos grupos: las religiones orientales y las religiones de Abraham. Las creencias orientales, como el hinduismo y el budismo, se centran en refinar el ser interior y, en general, consideran a la encarnación divina, la reencarnación y el karma como medios para la salvación. Por lo tanto, esta se logra a través de las acciones de cada uno, dado que los seres humanos enfrentan la responsabilidad por el bien y el mal que llevaron a cabo en este mundo a través de ciclos de renacimiento; este enfoque no deja espacio para el papel de Al-lah y Su perdón con respecto al destino final del hombre. La reencarnación se describe como un curso cíclico entre la vida y la muerte, en el cual el alma del individuo viaja desde la primera hacia la última. Con cada ciclo de renacimiento, vuelve una vez más a este mundo en un cuerpo diferente, representativo de su nuevo estado en un sistema jerárquico. Por lo tanto, un alma puede ser devuelta a este mundo desde la casta más baja como consecuencia de sus malas acciones, hasta la de aquellos humanos considerados como los más nobles y de mayor rango (las clases sacerdotal y guerrera) por haber vivido una vida de bien. Todo esto se basa en la conducta del individuo en la vida anterior con el objetivo de alcanzar finalmente el estado de nirvana, momento en el que uno ha alcanzado la elevación espiritual más alta y la "liberación de la existencia terrenal, así como del dolor, del deseo y de la tristeza". Se trata del hecho de volverse uno con la Esencia Divina Suprema/Absoluta para la eternidad, un objetivo elevado que solo se cree que alcanzan unos pocos elegidos y que sirve de inspiración para varias tradiciones místicas.
Un hilo común entre estas tradiciones religiosas consiste en buscar el aislamiento y, en gran medida, la negación de uno mismo y del mundo para realzar y nutrir la espiritualidad; un enfoque que potencialmente podría detener al mundo si su práctica hubiera sido el único camino a la salvación. En contraste, el Islam prescribe el equilibrio perfecto entre esforzarse para beneficiarse a uno mismo y a los demás. Uno debe tomar del bien tangible de este mundo que ha provisto Al-lah, mantenerse comprometido y contribuir a la sociedad; al mismo tiempo que soportar los desafíos que acompañan las tentaciones y el daño que puede surgir al hacerlo, mientras se lucha por el crecimiento moral y las ganancias espirituales a través de la tawba para obtener Su complacencia tanto en este mundo como en el más allá. El Islam es puro en su monoteísmo, rechazando todas y cada una de las formas de politeísmo, la asignación de compañeros a Al-lah y el antropomorfismo. Se deja muy claro que todos los seres humanos son creados iguales a los ojos de Al-lah, independientemente de su raza o estatus mundano, que son lo más noble de Su creación y que se les ha dado vida con el único propósito de adorarlo a Él solamente. En última instancia, todos volveremos a Él para ser juzgados y posteriormente recompensados o castigados en el eterno más allá. 

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