Ni proféticas ni escriturales
El Evangelio que los cristianos afirman predicar no parece sostener su argumento de que “todos estamos libres de pecado”. En el libro de Santiago en el Nuevo Testamento, a los cristianos se les recuerda esta importante verdad: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarlo? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma… Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?” (Santiago 2:14-17,19-20, Reina-Valera 1960).
Y si eso no es lo suficientemente convincente, veamos lo que los cristianos sostienen como palabras de Jesús mismo: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:17-23, Reina-Valera 1960).
¿Notó alguien las similitudes en las palabras de Muhammad y Jesús, la paz y bendiciones de Al-lah sean con ambos? ¡Ellos dijeron lo mismo! Al igual que Muhammad, Jesús se sometió a Al-lah, obedeció a Al-lah y oró a Al-lah. Ambos profetas nos advirtieron que somos responsables por nuestras acciones y que la fe es inútil si no cambia nuestras vidas. Cuando Al-lah habla en el Corán de “aquellos que creen”, a menudo completa la frase con “y hace buenas obras”. Estas dos características van de la mano, y una no puede existir sin la otra. Como musulmana ahora, tengo el deber que se me ha impuesto de tratar de mantener el equilibrio en mi vida, nunca pasar demasiado tiempo y energía en el cuidado de mi familia a expensas de mi adoración, nunca pasar tanto tiempo y energía en el mantenimiento de mi hogar a expensas de disfrutar y enseñar a mis hijos. De la misma manera, tengo que recordarme siempre a mí misma ser humilde ante Al-lah, de estar delante de Él en mi oración y decir, una vez más, que no hay más divinidad que Al-lah y que Muhammad es Su último Mensajero.
Pido a Al-lah que, al pronunciar estas palabras en voz alta, mis oídos las escuchen y a su vez las transmitan a mi corazón, y mi corazón a mi lengua y el ciclo continue. Verdaderamente, la única esperanza que tenemos es mantener nuestra fe en Al-lah y seguir la guía de Sus profetas; y en este nuestro tiempo, al Profeta Muhammad.
- Sección:
Personalidad del Musulmán


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