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Perdido en Ramadán

Perdido en Ramadلn

 Ramadán se trata de cambiar nuestros horarios y hábitos diarios para atraer las bendiciones de este mes. Lo sé.


Hacer el Salah a tiempo es imprescindible. Hacer Salawat extra es vital. Hacer Tarawih hasta altas horas de la noche es decisivo. Establecer tiempos de Dhiker es crucial. Y el Corán es el más bello de todos los Adhkar, absolutamente esencial. Después de todo, de esto se trata Ramadán. Incluso tenemos que pasar algunas noches en vela con nuestros amigos los fines de semana en la mezquita, mágico.


Hay más. Ramadán se trata de las partes del cuerpo. Sí.


Tienes un corazón. Ramadán, como la vida, se trata de decisiones conscientes para “hacer el bien”, para hallar pequeñas obras consistentes que permitirán obtener múltiples recompensas durante este mes.


Acuérdate de tus manos: da caridad. Alimenta a tu familia y amigos. En especial, alimenta a los pobres. Pero no olvides tu cabeza. Asiste a conferencias. Pon atención al Corán durante sus Qiams y escucha las exhortaciones o clases.


Antes de que termine el mes, un alto nivel espiritual se apoderará sin duda de tu órgano más vital: tu corazón. La mayoría de nosotros va a hacer el bien mucho más de lo que hacíamos tres o cuatro semanas antes.


Tienes una mente. Recuerda eso.


Mantenerse en lo bueno


Durante un mes, creemos, somos capaces de ello. Estamos dispuestos a dormir menos, orar más, ser más conscientes de lo que hacemos y decimos. Pero independientemente de cuántas buenas obras adicionales hagamos durante Ramadán para ganar bendiciones, a veces se mantienen aquellas cosas que no cambian. O más bien, a medida que incorporamos buenas obras en nuestra rutina diaria, ¿con qué frecuencia en realidad omitimos nuestros otros hábitos diarios que no son apropiados?
Nos abstenemos de comer. Pero, ¿nos vemos enojados con nuestros padres o amigos y participando de murmuraciones? A pesar de que no nos permitimos un bocado, hacemos que las obras se pierdan cuando maldecimos y nos quejamos.


¿Esto es aceptable?


¿Vamos todas las noches al Tarawih a las 8 p.m., y luego nos vamos de fiesta hasta las 2 a.m. y nos olvidamos del Fayer? ¿Ayunamos durante todo el día, dejamos de comer y beber sólo para tener nuestra cena secreta con el novio o novia en el café?


De alguna manera, esto y mucho más se ha convertido en una realidad y en algo aceptable.


Alejarse de lo malo


¿Está bien hacer algo malo, siempre y cuando lo equilibremos con algo bueno? Es la pregunta equivocada. Para empezar, ni siquiera hay necesidad de hacer tales cosas.


Lo mejor es que ni pensar en ello. Pensemos en la oración. Pero no pensemos en fiestas. Lo que quiero decir es que la mayoría de la gente no toma decisiones conscientes sobre lo que sucede habitualmente en sus vidas. Si estás acostumbrado a irte de fiesta el fin de semana, seguramente seguirás haciéndolo, incluso durante Ramadán, aunque puedas decidir agregar temporalmente el ayuno, la oración y los Qiams a esa mezcla.


De hecho, muchos de nosotros pensamos sobre el bien que hemos comenzado, pero hacemos la vista gorda a aquellos aspectos regulares, habituales, de nuestras vidas, que no están aprobados.


Entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? Tomar consciencia de lo que hacemos.
No renunciar a lo bueno. Esto sólo niega lo malo (pero sólo por un tiempo).


Si nos hacemos los ciegos ante lo que hacemos, a nuestros hábitos y tendencias, nos estaremos mintiendo a nosotros mismos. Sólo admitiendo nuestras limitaciones y defectos podremos enfrentar, rectificar e, in sha Al-lah, superarlos.


A medida que nuestra consciencia de Al-lah (Taqwa) aumente, también aumentará nuestra conciencia de lo que somos y de lo que hacemos. Esto incluye las cosas diarias como malas palabras, chismes, ofender a los padres o hermanos, y otras cosas como ir a fiestas, escuchar música e incluso fumar o beber. Todas estas cosas se convierten fácilmente en hábitos que son difíciles de romper y, eventualmente, en parte de lo que somos.
Ramadán es un buen momento para redefinirte a ti mismo eliminando lo que realmente no eres.


Inclinarse hacia lo correcto


Una vez has visualizado cómo debes ser, mantén las cosas buenas que has comenzado. Si estás rezando las cinco veces a tiempo en la mezquita, ¡sigue haciéndolo! Pero por amor de Al-lah (¡literalmente!), este es el momento de deshacerse de los malos hábitos.


Nuestros deberes religiosos no deberían ser olvidados y desechados una vez que se rompe el ayuno.
El punto de todo un mes de ayuno es construir un nuevo ciclo, un régimen nuevo, un nuevo estilo de vida que agrade a Al-lah. La belleza de anular una mala obra con una buena, es que tenemos una oportunidad para enmendar los errores que podemos cometer sin intención. Pero no se supone que sea una solución de la que podamos depender para poder continuar con nuestras adicciones o nuestros malos hábitos.

En lugar de tratar de equilibrar cada mal con un bien, debemos aspirar a superar nuestro mal con el bien no sólo aumentando este último, sino eliminando el primero. Comienza con algo pequeño si lo deseas, ¡pero comienza!

 

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