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Cambio y responsabilidad por nuestras acciones (parte 1 de 2)

Cambio y responsabilidad por nuestras acciones (parte 1 de 2)

Una de las preguntas que ha afligido mi corazón desde que me convertí al Islam, es si realmente he cambiado. ¿Soy la misma persona de siempre, y el cambio ha sido solo en mi aspecto exterior? ¿Debo manejar los problemas de manera diferente a como solía hacerlo, diferenciándome así de la mayoría de los no musulmanes que me rodean? ¿El mensaje del Islam, de sumisión completa a Al-lah, ha impregnado realmente mi corazón? Cuando estas preguntas comienzan a molestarme, me doy cuenta de que la respuesta solo se puede encontrar analizando mis acciones; porque una persona puede decir "La ilaha il-la Al-lah" hasta quedar sin aliento, pero si esas palabras realmente no llegaron a su corazón y a su mente, no lo salvarán.
Recientemente estaba leyendo una publicación en el blog de una amiga, hablaba de la "libertad en Cristo". Aprecio a mi amiga, y esto no se trata de atacar a la gente que aprecio y que han escogido ser cristianos, pero me llamó la atención la completa falta de responsabilidad en esta visión de la "libertad en Cristo". Ella decía que, en vez de predicar en una congregación, aconsejando a la gente controlar sus lenguas y cosas así, el predicador debería hablar sobre el amor de Cristo, que no tenemos que vivir una vida perfecta porque Jesús ya la vivió.
Eso me recordó mi vida como cristiana, cuando escuchaba ese tipo de ideas y me estremecía el mensaje drásticamente diferente que encontraba en la Biblia. Tenía tantas ganas de creer que mis acciones no importaban realmente a largo plazo; sin embargo, no pude encontrar un solo lugar en toda la Biblia donde se estableciera que una persona no será considerada responsable de sus pecados, o que uno no tenga que elegir no pecar porque "oye, Jesús pagó tu cuenta".
Inmunidad y falibilidad
Por supuesto, el cristiano promedio de hoy diría: "Nuestra motivación para no pecar se encuentra en nuestro amor por Jesús. No queremos pecar porque lo amamos". Esto es realmente agradable de escuchar, ma sha Al-lah, ya que yo también amo a Jesús, la paz sea con él. Pero, el amor por Jesús, no importa cuál sea tu nivel de amor, nunca te impedirá pecar, y los cristianos mismos admiten que es imposible para un ser humano (excepto Jesús) no pecar; es nuestra naturaleza inherente, dicen, nuestro impulso más profundo.
Alhamdu lil-lah, Al-lah entiende muy bien que somos humanos y, por lo tanto, falibles. Debido a Su amor por nosotros, Él nos dio una religión que comprende todas las necesidades del ser humano, desde las espirituales hasta físicas y emocionales. Al-lah sabe que a veces nuestros actos no coinciden con nuestras intenciones. Hay un dicho bien conocido del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, en el que informó a sus compañeros que las buenas obras por sí solas no son suficientes para que una persona entre al Paraíso, ni siquiera para él mismo, fue narrado Abu Hurairah: “Las obras de cualquiera de ustedes no los salvarán [del fuego del Infierno]”. Dijeron: "¿Acaso tú no serás salvo por tus obras, oh, Mensajero de Al-lah?". Dijo: "No. Ni siquiera yo [me salvaré] a menos que Al-lah me conceda Su gracia. Por lo tanto, realicen buenas obras correctamente, con sinceridad y moderación; y adoren a Al-lah por la mañana y por la tarde y durante una parte de la noche; y siempre elijan una vía equilibrada y moderada para alcanzar su objetivo [el Paraíso]” (Bujari).
Amo este hadiz porque no solo nos llama a hacer lo mejor que podamos en esta vida, sino también a ser conscientes de que nuestras buenas obras por sí solas no nos califican para la tremenda bendición del Paraíso. Solo la gracia que Al-lah, Glorificado sea, nos ha otorgado puede salvarnos del fuego del Infierno. Sin embargo, Al-lah y el Profeta Muhammad nos llaman a hacer buenas obras de todos modos. Él no dice, como lo hacen la mayoría de los cristianos hoy en día, que: “Ya que tus buenas obras por sí solas no pueden calificarte para entrar al Paraíso, no te preocupes demasiado por hacer buenas obras o evitar las malas. Todo será arrastrado al final. ¡Eres libre!”. Él no dice: “No te ates a ti mismo con reglas y enseñanzas que te prohíben pecar. ¡Eres libre!”.
¡Y cuán lejos está esta idea de la verdad!
Continúa en la parte 2 

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